Hay que leer Mantra (2001) de Rodrigo Fresán por los siguientes motivos. Uno. Seremos mejores personas. Dos. Aprenderemos de cine. Tres. Conoceremos la historia de México al revés. Cuatro. Habrá digresiones sobre la lucha libre. Cinco. Uno no puede pedir cosa más original. Puedo seguir hasta el mil, pero qué pereza.
La novela es de un niño mexicano que quiere hacer la película total. Es decir filmarlo todo. Siempre. El niño se llama Martín Mantra y tiene un chofer que fue luchador y que ahora es manco y que maneja con la máscara con la que luchaba antes. Mantra entonces se hace un casco que tiene una cámara incluida y cuyos lentes se le acomodan a los ojos. Entonces lo filma todo. Siempre.
Pero esto es sólo el principio. Después, por 400 páginas y en orden alfabético, las ficciones sobre la capital mexicana lo abarcan todo. Mantra, es en sí la novela total de México, o se aproxima mucho a serlo. Pero no lo lean mucho. Puede causar adicción y ahí sí, se cagan.
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