Monday, September 28, 2009
Ángel Rama
Su libro Ciudad letrada (1982) es un ejemplo clarísimo de que un crítico no debe reparar en fronteras literarias sino traspasar hacia análisis sociológicos-antropológicos. Rama arroja una luz cronológica sobre la formación de las letras en latinoamérica desde la colonia hasta la modernidad. Todo con un hálito de política que como bien sabemos tira hacia las izquierdas de su tiempo. Propone una división dicotómica entre la ciudad letrada burguesa, elitista, paternalista versus la ciudad real básicamente lumpen y desdeñada. Los opuestos binarios, a mí juicio, son una falacia culpa de Aristóteles y se usan porque son múy cómodos y nos simplifican la vida. Pero no lo abarcan todo y por lo general arrojan conclusiones excluyentes sin explicación.
Fuera de eso, Rama es Rama, recomiendo este librito a todos.
Saturday, September 26, 2009
Guillermo Cabrera Infante
Han comparado la novela con Ulises y yo digo que más se diferencian que se parecen. Bolaño le debe algo a Cabrera, Cabrera le debe algo a Quevedo, Lewis Carroll y Joyce, pero todo el mundo le debe a Joyce, quiera o no, incluido el héroe de la juventud actual Bolaño; pero Lewis Carroll les saca la chugcha a todos en Conceptismo, chistografía, ingenio, especialmente a los franchutes del Oulipo a los que me recuerda Cabrera a momentos con sus matemáticas absurdas.
Luego de esta erudición sin límites que despliego citando a personas que ni yo he leído bien, puedo decir que la novela de Cabrera es una novelaza, alarde de narración poliglossia a lo Bajtín, dialógica a lo Bajtín, conceptista a lo Barroco, flanêur a lo Walter Benjamin, etcétera. (Más erudición que ni yo comprendo).
Cómo se ríe Cabrera de todos. RECOMENDADÍSIMA. Visión de lo que era la ínsula antes de la Revolución chicoh, la farra y La Habana desnuda y coqueta, trago, música, conversación, cine, libros-- quiero ir a Cuba chicoh. Cosa má glande e la vida chico.
Thursday, September 17, 2009
Onetti
El Astillero (1961) de Onetti es una novelaza de depresion, en la cual uno se va dando cuenta de que nada en la vida tiene un corte hialino de verosimilitud, de lo que se narra, se cuenta y se ve, nada lleva un trasluz de verdad absoluta ni en la realidad, mucho menos en lo ficticio, ni las noticias ni el periodico. Hasta la historia es ficcion, chucha. Digo esto porque hay muchos que se creen todo lo que ven, leen, oyen y no tienen la mas minima idea de la lucha de nuestro cerebro por proyectar un barniz de entendimiento en la representación de lo que pasa en el mundo (el autocorrect puso la tilde). Tanto el lenguaje de Onetti como la trama de la novela son unas brumas feroces donde el absurdo gana y el lector gana por el lujo verbal, el pulso de Onetti por construir un texto a base de vocablos coherentes sin representar nada mas que una farsa. La novela es una farsa, eso lo dice mas de una vez Larsen, el protagonista principal, y como se sabe de la farsa al absurdo todo ocurre mas o menos sin distinción. Cfr Kafka El Castillo. Igual cosa con Faulkner y todas sus obritas. Que chévere escribir en la Mac, el teclado es de lo mas suave. Hay que leer a Onetti porque nos da clases de escritura, que lujo y tension, poesia y desorientación, todo en uno es este texto. Besos.
Lope de Vega DOS
Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.
Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho
pues fin con este verso le voy dando.
Ya estoy en el segundo y aun sospecho
que voy los trece versos acabando:
contad si son catorce y está hecho.
Tuesday, September 15, 2009
Lope de Vega
Sunday, September 13, 2009
Leonardo Valencia
Para el lector que le guste el ensayo literario, de análisis textual general, recomiendo el libro de Leonardo Valencia El Síndrome de Falcón (2008). El libro de Valencia tiene tres partes, una sobre escritores en general, otra sobre la literatura ecuatoriana y otra sobre la escritura. Las dos últimas fueron de mayor interés para mí porque explica Valencia, de forma lúcida, por qué la literatura ecuatoriana no ha sobresalido. Según él, es porque los escritores ecuatorianos sufrieron del síndrome de Falcón (aludiendo a la persona que cargó a Gallegos Lara por años, el peso), una enfermedad ideológica que les obligó a escribir realismo social, literatura comprometida, como método de denuncia, dejando de lado la literatura “buena”, compuesta de forma estética consciente, hecha de mejor forma artística. Es decir utilizar la literatura como medio más que como literatura.
A mí me parece, a pesar de que no tengo la lucidez de Valencia, que tiene razón, pero que a la vez hablar de ello ahora es gratuito. Lo que dice es obvio y no creo que valga la pena mencionarlo porque no se trata de restregarle en la cara nada a nadie, sino demostrar, con la pluma de uno, lo contrario (que es lo que hace Valencia con sus libros, muy bien escritos por cierto). La pregunta es: ¿por qué habla de ello ahora en ensayo y decide publicar algo que escribió en 1998? Yo soy muy mudo y no lo sé. O es para recordárnoslo seguramente porque leyó algún libro de esos malos de la llacta. Muchos escritores ecuatorianos buenos de hoy en día, sean viejos o jóvenes, están muy conscientes de ello y les vale un trozo de mierda, y escriben sobre lo más lejano al Ecuador desde hace décadas. Resumen: gracias por recordar la perogrullada Leonardo, pero hablar de ello es innecesario porque vuelve a recrear un pesimismo temible.
Lo último que me queda por decir de su libro es que al final hay un desvío hacia la obra del mismo autor. Eso, a mí personalmente, me parece egocéntrico y elitista. Especialmente porque nos explica a los lectores cómo leer su obra. Previniendo de por sí que no la vamos a entender. La idea de Valencia es, más o menos, explicar el movimiento de la literatura; por eso tiene un solo libro de cuentos, al cual le va añadiendo cuentos y publicando bajo el mismo nombre. Simplemente me parece hecho el excéntrico, dado que hay muchas cosas mejores que leer, como “El asno de oro” de Apuleyo. La misma excentricidad ocurre con su novela, “El libro flotante de Caytran Dolphin”, porque uno puede ir a la página web y aportar con la (re)escritura de la misma; pero todo esto es algo forzado porque asume que nos interesa lo mismo que a él le interesa, lo cual no es verdad porque, simplemente como ya dije antes, hay mejores cosas que leer como “La Verdad sospechosa” de Juan Ruiz de Alarcón.
Fuera de todo, Valencia es una máquina de erudición, lucidez, buena escritura; la cátedra constante es su único defecto, por eso hay que leerlo obligado.
Tuesday, September 8, 2009
Historia y crítica de la literatura española (1981-2004), volumen del Renacimiento
Primero que nada es gratuito decirles de qué va el libro porque ya lo saben. Segundo que nada tengo que decir que la contextualización del periodo literario es bastante buena, concisa y tocante a las letras que es lo que nos concierne, por lo cual se deja de lado el arte, la arquitectura y el etcétera. Tercero debo decir que posee una pluma aristocrática y autoritaria que no me gusta tanto porque en el libro solamente escriben los viejos típicos, los de siempre, las vacas sagradas. Por eso lo compré, porque uno tiene que haberlos leído para argumentar a favor o en contra.
Finalmente quiero decir que es un libro de consulta más que un libro de lectura amena y esclarecedora. Que no se le ocurra a nadie comprárselo si es que no ha leído las obras renacentistas españolas, tampoco si es que solamente quiere una introducción al tema porque de tanta bibliografía cuando uno sacude el libro se caen la citas al suelo.
Básicamente del libro se puede ver y repetir hasta el cansancio qué tan importantes fueron los clásicos grecolatinos para la literatura (Horacio, Cicerón, etc.). De ellos viene casi todo lo que escribieron los del Siglo de Oro, y de otros vértices innegables: de la literatura medieval que nunca se borró del todo, y de la literatura italiana que fue la que revivió a los clásicos con un matiz novedoso de imitatio. En este último caso se puede ver qué tan, pero qué tan importante fueron Dante primero y Petrarca después. Uno no puede ser escritor, crítico literario, o lo que sea sin haber leído a Dante y Petrarca simplemente porque ellos son EL PUENTE que hizo que la literatura del Siglo de Oro español resurgiera. Dante y Petrarca son como decir los DURAZOS. En esa época no había prosa porque la poesía lo cundía todo, qué locura, ojalá ahora fuera así. NO recomendado.
Friday, September 4, 2009
Modesto Ponce
La novela va de un loquito, pero a la vez va de muchas cosas adicionales encausada por las sendas de la buena escritura, fragmentada, con vaivén de narrador, tiempo en reversa y usando el horror vacui sin diálogos precisos, próximo al neobarroco. Empieza con la muerte de Ramón, el loco, y narra poco a poco lo que le ha pasado, desde su niñez hasta su madurez y total demencia en un sanatorio. La narración refleja la trama: así como el loquito, los lectores no sabemos qué está dentro o fuera de la cabeza de Ramón. Lo que pasa es que al final nos damos cuenta de la total lucidez, argumentativa casi sofística del “loquito” que a la final no está tan loquito como se piensa, porque como lo dice claramente el médico, “todos estamos medio dementes”. La diégesis está llena de saltos (como la vida real que nunca es uniperspectivista) y Ponce usa un estilo lleno de comas porque parece que le fascinan las comas y no los puntos (ni los párrafos).
Estéticamente la novela no me parece nada sorprendente, pero sí me parece que la estructura es a prueba de balas, lo cual es muy difícil de conseguir. Tampoco me parece que el lenguaje sea maravilloso, pero tiene su mérito representar la mente de un loco, a pulso, por doscientas páginas. Me gusta la valentía de don Modesto. No me gustan las descripciones tan detalladas –que son parte de la representación adrede—porque se vuelve tediosa y aburrida a momentos. Fuera de eso recomiendo su lectura, mudos.
Wednesday, September 2, 2009
Terry Eagleton
La teoría literaria es un animaloide imposible de entender sin la ayuda de un buen profesor o, en su defecto, un crítico lúcido y conciso que escriba una especie de Teoría para Dummies. Es por eso que me compré lo que Terry Eagleton publicó en 1982: un librito de 200 pgs. titulado Literary Theory: an Introduction (1982-96), texto que ha sido el único libro de teoría literaria que ha llevado con vergüenza el sambenito de Best-seller; lo usan en todas las universidades americanas e inglesas.
La falla fundamental del libro es que no toca nada previo el siglo XX, es decir no habla de Platón, ni Longino, no se diga del medioevo, Renacimiento, Barroco, Ilustración, etc.. Salta directamente a los Formalistas Rusos y se va, breve, breve, hasta el Postmodernismo. Esa es la falla que yo digo, por cuanto el libro debería llamarse Literary Theory of the XXth Century, y no le veo más falla ninguna, estimadas piltrafas lectoras, más que como es británico usa de ejemplos ilustrativos textos en lengua inglesa, y casi nunca menciona obras de ficción en otros idiomas. Pero eso no es falla, es adrede, su público lector principal es, sin duda, bicéfalo: los estudiantes angloparlantes (a los que dirige su explicación), y la academia norteamericana e inglesa (donde dirige tenue, sencillo y elegante insulto, casi siempre irónico, en cuanto al uso de la teoría hoy en día en las universidades).
Todo el lenguaje de Eagleton es claro, conciso, bien articulado y lleno de ejemplos ilustrativos. Se nota que es marxista puesto que se inclina a la teoría izquierdosa de los estudios post-coloniales y culturales, pero marxista renovado de acción, no dinosaurio imbécil que apoya regímenes infames. No puedo decir más del libro excepto que debe ser obligado para cualquier persona que estudie literatura porque le pone al corriente de los cauces principales de lo que es la literatura en manos de personas que no la crean, sino que viven de ella, estudiándola o enseñándola, con sueldo fijo y viajes a conferencia. Es decir un caballero como yo, pero no si puedo evitarlo en mi futuro mediano.
Para finalizar debo decir que mucha de la teoría literaria del siglo XX –exceptuado los humanistas liberales y Bahktin— (Schlovsky, Derrida, Foucault, Fish, Kristeva, Lacan, Althusser, bla, bla, bla) han seguido los pasos bien firmes de Saussure, trayendo a colación ideas impresionantemente buenas sobre lo que un texto puede hacer. Empero, casi todos se han enfocado en el método de análisis, dejando de lado el contenido, método que es *muy* difuso a momentos, que no se entiende a primeras lecturas y que responde frecuentemente a ideologías políticas. Es curioso que la teoría, que en un inicio debe iluminar el texto, sea a su vez incomprensible y difícil de interpretar, puesto que su labor debe ser, precisamente ayuda a la exégesis.
Tuesday, September 1, 2009
Marqués de Sade -- Justina
La novela más famosa del Marqués de Sade se llama Justine (ou les malheurs de la vertu) y se publicó en 1791. Según el prólogo de la edición que yo leí, fue la que le lanzó a la fama y la novela por la cual fue encarcelado, metido a un psiquiátrico y perseguido toda su vida.
La novela cuenta la vida de dos hermanas, una que sufre y otra que no sufre. La que sufre da título al libro y narra en retrospectiva todo lo que sufrió hasta ser condenada a muerte. Los sufrimientos de Justina no los puede aguantar nadie. He perdido la cuenta de las veces que la violan. He perdido la cuenta, asimismo, de las veces que la sodomizan, con objetos o con falos gigantes, entre uno o cinco. También he perdido la cuenta de las veces que le dan de latigazos, la amarran, la deforman, la patean, la escupen y la fuerzan. Igual cosa con los personajes –todos hombres con poder— que desfilan y que imponen la tortura a niños, niñas, vírgenes, viejas, muchachos, todos desamparados. También hay esclavitud, escatología, decapitación, gang bangs, sánduche, sánduche doble, maduro con queso, todo. No hay nada que falte y hay pocos libros que puedan poner los pelos de punta como este. A leerlo.