Ya han pasado muchos años desde la inicial publicación de Tres tristes tigres (1964), ganadora del entonces ful prestigio Seix Barral premio de novela, pecunia, fama y honra. Yo no la había leído hasta esta semana porque, entre otras cosas, prefiero leer el New Yorker o ver porno (mentira). La verdad la verdad no la había leído porque yo sólo empecé a leer bien a partir de los treinta años.
Han comparado la novela con Ulises y yo digo que más se diferencian que se parecen. Bolaño le debe algo a Cabrera, Cabrera le debe algo a Quevedo, Lewis Carroll y Joyce, pero todo el mundo le debe a Joyce, quiera o no, incluido el héroe de la juventud actual Bolaño; pero Lewis Carroll les saca la chugcha a todos en Conceptismo, chistografía, ingenio, especialmente a los franchutes del Oulipo a los que me recuerda Cabrera a momentos con sus matemáticas absurdas.
Luego de esta erudición sin límites que despliego citando a personas que ni yo he leído bien, puedo decir que la novela de Cabrera es una novelaza, alarde de narración poliglossia a lo Bajtín, dialógica a lo Bajtín, conceptista a lo Barroco, flanêur a lo Walter Benjamin, etcétera. (Más erudición que ni yo comprendo).
Cómo se ríe Cabrera de todos. RECOMENDADÍSIMA. Visión de lo que era la ínsula antes de la Revolución chicoh, la farra y La Habana desnuda y coqueta, trago, música, conversación, cine, libros-- quiero ir a Cuba chicoh. Cosa má glande e la vida chico.
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