Saturday, September 26, 2009

Guillermo Cabrera Infante

Ya han pasado muchos años desde la inicial publicación de Tres tristes tigres (1964), ganadora del entonces ful prestigio Seix Barral premio de novela, pecunia, fama y honra. Yo no la había leído hasta esta semana porque, entre otras cosas, prefiero leer el New Yorker o ver porno (mentira). La verdad la verdad no la había leído porque yo sólo empecé a leer bien a partir de los treinta años.

Han comparado la novela con Ulises y yo digo que más se diferencian que se parecen. Bolaño le debe algo a Cabrera, Cabrera le debe algo a Quevedo, Lewis Carroll y Joyce, pero todo el mundo le debe a Joyce, quiera o no, incluido el héroe de la juventud actual Bolaño; pero Lewis Carroll les saca la chugcha a todos en Conceptismo, chistografía, ingenio, especialmente a los franchutes del Oulipo a los que me recuerda Cabrera a momentos con sus matemáticas absurdas.

Luego de esta erudición sin límites que despliego citando a personas que ni yo he leído bien, puedo decir que la novela de Cabrera es una novelaza, alarde de narración poliglossia a lo Bajtín, dialógica a lo Bajtín, conceptista a lo Barroco, flanêur a lo Walter Benjamin, etcétera. (Más erudición que ni yo comprendo).

Cómo se ríe Cabrera de todos. RECOMENDADÍSIMA. Visión de lo que era la ínsula antes de la Revolución chicoh, la farra y La Habana desnuda y coqueta, trago, música, conversación, cine, libros-- quiero ir a Cuba chicoh. Cosa má glande e la vida chico.

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