Vino Luis Goytisolo y le fuimos a ver. El tipo que debía entrevistarle estaba chuchaqui y no vino, por lo tanto a Luis Goytisolo le tocó improvisar y discurrió, por alrededor de una hora y más, sobre su propia persona. Qué llena de sabiduría su verborrea, una perogrullada; pero también que llena de egolatría. Después hubo trago y galletitas con el maestro. Le tomé una foto y me fui, nunca le pregunté nada. ¿Para qué?
Chucha NEWSLETTER: ¡el franchute Le Clezio Nobel de literatura! ¿Ya Le clezió? Me leí hace como dos años ‘El buscador de oro’ de este caballero y, mutatis mutandis, escribe como la Solange Viteri. Tampoco. En realidad no me pareció nada del otro mundo, ¿será porque mi francés es como la verga del licenciado Duplein? ¿Será porque soy un lector adefesioso? ¿Será porque soy proclive al bochorno? Pero un solo libro no dice nada, seguro se lo merece, pero el Nobel debió haberse ganado el infame de Sergio Pitol, o en su defecto el anodino de Álvaro Pombo, o en su defecto el ingenioso Iván Lendl que antes de coger la raqueta de tenis escribía versos del tipo:
a pesar de ser feo como el Berceo
te encanta verle y si besarle pudieras
sudada, sucia y roñosa aun lo hicieras