Nunca había leído a Asturias hasta hace un par de semanas ¿Y? nada, me zampé El señor presidente (1946). Advertí dos cosas. Una que fue un escritor comprometido y eso tiene un valor, bien o mal, agregado (a veces el valor es medio chimbo porque la escritura sufre harto por el compromiso). La otra que Asturias se movía con la prosa y la estructura de sus novelas fácil. También me leí después un poema que tradujo él mismo del náhuatl. Grande el poema, pero no era del fósil.
Gran fósil, pero no creo que me lea nada más suyo hasta leerme la obra completa de William Burroughs. Chucha me acabo de acordar que sí había leído las Leyendas de Guatemala del Asturias y me parecieron dificilísimas y me dieron migraña. Soy enemigo de la lectura difícil. Fuera de las leyendas todo perdido.
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