El cierre de la trilogía de Zhang Yimou es un poco decepcionante. La acción que nos tenía acostumbrados en Héroe o La Casa de las Dagas Voladoras no se presenta y la película se desarrolla en un drama clásico en donde al final sabemos que no existe salvación para esas almas. Ese toque esencial de Yimou sigue en cada rasgo de la película. Los colores alucinan y la espectacularidad nos devuelve al cine de finales de los 50 y principio de los 60 como Ben-Hur o el mismo Lorens. Grande Chino aunque te faltó la puntillada final para consagrarte, no pasas desapercibido.
José Candelario
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