Monday, July 14, 2008

Walter Mosley

Gone Fishing (1997) de Walter Mosley es una novela que se lee sola y de la cual me quedé enamorado. Es fácil, segura y, aunque está llena de estereotipos del sur norteamericano, la escritura compensa de largo. Va de dos negros en busca de una herencia, aventuras por doquier, pero aventuras con llagas. Cuidado.

Si quieren leerla aquí les paso el link:

http://books.google.com/books?id=_66cporIROcC&dq=gone+fishing+mosley&pg=PP1&ots=bZnfNLQ7XP&sig=DiKlx_z1rj_nZ0CUYRPtXF5EzY4&hl=en&sa=X&oi=book_result&resnum=1&ct=result#PPA2,M1

Chao.

Stephen King

A la vaciedad de Stephen King hay que sumarle su innecesaria verborrea. Y también la tremenda suerte que tiene para que le publiquen a pesar de que parece repetirse y repetirse.
No lo había leído hasta ahora y no creo que lo lea en lo que me queda de vida. No es justo lo que digo porque sólo leí una de sus novelas y unos 5 cuentos. Pero me parece suficiente. La novela en cuestión es The mist (1985) y los cuentos ya ni me acuerdo, y prefiero no acordarme.

Monday, June 23, 2008

Charles Bukowski

Chusa, me he metido en problemas por regalarle un libro de Bukowski a mi novia. Bukowski es un cerdo, eso lo sabe todo el mundo, pero es un cerdo moderno. Sus libros son la risa + el alcohol + el sexo, ingredientes proclives a la aventura, ojos cerrados, negocio desesperado.
Las mujeres son el objeto casi siempre y de ahí surge la disyuntiva con la ñora.
Pero su escritura es la felicidad, la dicción, el pensamiento, lo trágico que se lee de un tirón. Además es insolente y malhumorada, tiene ritmo y armonía. Si empiezas no paras. Léanse El Cartero, Pulp, Mujeres, Factotum y todos los libros que puedan de Bukowski para aprender y preguntarse ¿Me das permiso, mi reinita?

Vargas Llosa

El hablador (1987) de Vargas Llosa es de esos textos del peruano en las cuales la estructura es a prueba de balas. Típico del Vargas Llosa: escribir novelas exactas, precisas, estructura que apunta a amar y obedecer al canon literario. Parece que le da miedo lanzarse de cabeza en una piscina. Es que ya sabe que la piscina está llena de fieras. Fieras hambrientas. O tal vez no sabe si la piscina tiene agua o no tiene agua. Si tiene agua, don Mario se lanza un clavado desde lo alto y no salpica nada de agua y dentro del agua se da diez trampolines y les dice a las fieras lero lero, candelero.

Me pregunto si Vargas Llosa se ríe leyendo a Aira, si dice chucha madre leyendo a Bolaño, si le dan mareos leyendo a Sergio Pitol.

José Eustasio Rivera

Cuando José Eustasio Rivera escribió La vorágine (1924) seguramente estuvo satisfecho. Después de poner el punto final, tal vez don Eustasio se lavó las manos con ace y dijo ayayay la juventud.

Esta novela es de esas de ‘la tierra’ en la cual se da un concepto de nación a través de la literatura. Por ahí va con Doña Bárbara de don Rómulo. Pero no es solo eso es algo más lleno de corazón orgulloso.

No sé por qué estoy escribiendo sobre La vorágine. Me gustó. No me gustó. Me asusta, pero me gusta.

Pero eso no importa. El que me haya o no me haya gustado no dice nada. La novela es importante porque sí. Porque por ahí viene don Eustasio arando la tierra con un palo de helado para que la Vanguardia y Colombia estén en armonía en el mapa; entre líneas, la vanguardia latinoamericana llamando unánimemente. Yo veo vanguardia en La Vorágine y soy miope.
Mi primera lectura de La Vorágine qué vergüenza.

Saturday, June 14, 2008

Osvaldo Hurtado

Las costumbres de los ecuatorianos (2007) de Osvaldo Hurtado es una bazofia por los siguientes motivos:

- No se puede resumir 500 años de ‘costumbres’ en 180 páginas
- Su bibliografía es una miga de pan. Es más pequeña que la de cualquier artículo investigativo de calidad publicado en cualquier revista seria
- Error garrafal: las conclusiones de Hurtado se basan en meras opiniones de historiadores y viajeros extranjeros que visitaron el Ecuador en el pasado. Hurtado asume, como investigador mediocre y falto de raciocinio, que los diarios de viajes y eventos históricos son objetivos y fidedignos. Como se nota que no ha leído a Hayden White
- Ejemplo: Hurtado dice que los ecuatoriano usamos el ‘da haciendo los deberes’ o el ‘dame pasando la sal’ porque somos vagos y nuestra costumbre es que nos ‘den haciendo’ todo. Según él esta expresión refleja nuestra vagancia, por tanto nuestras malas costumbres. Como se nota que no sabe nada de filología y de la contaminación del quichua en Ecuador. La ignorancia es atrevida. El ‘da + gerundio’, según Palomino y Mateus (filólogos de fama mundial especializados en quechua y aimara) proviene de una construcción de la lengua indígena que se propagó al español de Los Andes
- Otro ejemplo parecido es que saca una conclusión atroz de los ecuatorianos por el término guachimán. Ayy Osvaldo.
- Puedo seguir dando ejemplos porque hay miles, pero mejor que den haciendo otros

Por lo menos lo que dice Hurtado lo dice claro. No escribe mal. El contenido, sin embargo, es fraudulento. Qué pena que sea de los libros más vendidos en el Ecuador. Me da culillo sólo pensarlo. Disemina el estereotipo de que los ecuatorianos somos unos bárbaros, brutos y que nuestro cerebelo tiene solamente materia fecal por dentro y que esto no tiene remedio. Nunca. Viva Osvaldo Hurtado. Viva la burguesía.

Tuesday, June 3, 2008

Un tal Faulkner

El Villorio (1957) de Faulkner es imprescindible para cualquiera. Es la segunda parte de la trilogía de la familia Snopes que es la familia más avispada y despiadada del condado de Yoknapatawpha (copié y pegué porque no podía escribir bien esa huevá).

A Faulkner hay que leerlo con los cinco sentidos y con por lo menos dos cafés bien cargados. Si uno pierde la ilación por un par de hojas se caga, y empieza a divagar y pensar en los caballos salvajes del sur estadounidense y en el tabaco que mastican los brutos campesinos. A simple vista los caballos, el tabaco y los campesinos de Faulkner, parecen mansos y juiciosos pero son, vistos de forma ladina, como la escritura de Faulkner: un látigo ordenado y minucioso como el del Indiana Jones.

Ya me dio ganas de releer El ruido y la furia (1929) porque la primera vez no entendí ná.