El Villorio (1957) de Faulkner es imprescindible para cualquiera. Es la segunda parte de la trilogía de la familia Snopes que es la familia más avispada y despiadada del condado de Yoknapatawpha (copié y pegué porque no podía escribir bien esa huevá).
A Faulkner hay que leerlo con los cinco sentidos y con por lo menos dos cafés bien cargados. Si uno pierde la ilación por un par de hojas se caga, y empieza a divagar y pensar en los caballos salvajes del sur estadounidense y en el tabaco que mastican los brutos campesinos. A simple vista los caballos, el tabaco y los campesinos de Faulkner, parecen mansos y juiciosos pero son, vistos de forma ladina, como la escritura de Faulkner: un látigo ordenado y minucioso como el del Indiana Jones.
Ya me dio ganas de releer El ruido y la furia (1929) porque la primera vez no entendí ná.
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