Un nombre. Orson Wells. La delgada línea entre lo real y lo falso. Los puristas del cine capaz que lo llaman docu ficción, para mi un documental. El juego de la mentira que se transforma en verdad por estar plasmada en una obra de arte. Solo que después de ver esta película no solo que te dan ganas de incendiar Radio Quito por la llegada de los marcianos sino de mandar a la mierda todo lo que el mundo iletrado de intelectuales que nos han rodeado por miles de años nos han vendido como lo estéticamente correcto. Casi casi como religión. Un nombre Orson Well. José Candelario
Monday, February 23, 2009
F Fake (1974)
Un nombre. Orson Wells. La delgada línea entre lo real y lo falso. Los puristas del cine capaz que lo llaman docu ficción, para mi un documental. El juego de la mentira que se transforma en verdad por estar plasmada en una obra de arte. Solo que después de ver esta película no solo que te dan ganas de incendiar Radio Quito por la llegada de los marcianos sino de mandar a la mierda todo lo que el mundo iletrado de intelectuales que nos han rodeado por miles de años nos han vendido como lo estéticamente correcto. Casi casi como religión. Un nombre Orson Well. José Candelario
12:08 East of Bucarest (2006) Corneliu Porumboi

12:08 East of Bucarest (2006) Corneliu Porumboi
El cine no es una gran parafernalia de efectos especiales. Para no ser purista tendría que decirse que el cine no es solo una gran parafernalia. Además mi ignorancia es aguda y discriminar algo por su presupuesto sería discriminar todo. Pero 12:08 al este de Bucarest es la muestra de que un guión simple, un trabajo de cámaras común y corriente puede hacer una gran película. Incluso el jugar con tomas pésimas es hacer una gran cinta o filme. Dos hombres y un periodista -no hago esta distinción de periodista fuera de ser humano por sentirme uno de este grupo sino porque este grupo buscando la objetividad y prostituyéndose por la primicia dejan a un lado esas características de ser humano tan bíblicas-. En resumen si un dictador se va a las 12:00 de un país y la toma de la plaza fue a las 12:08 en otra ciudad, ¿será que fue revolución? Al Este de Bucarest trata esto con humor y con un desprecio a lo relevante digno de ser visto. José Candelario.
Libro de Alexandre y Libro de Apolonio
El Libro de Alexandre y el Libro de Apolonio, ambos publicados en el siglo XIII (por ahi), son la evidencia perfecta del poeta clérigo (mester de clerecía) y su afán por escribir bonito y pausado, usando algo que suena a herramienta ferretera: cuaderna vía. Joven, deme dos cuaderna vías y un tubo de PVC galvanizado. La cuaderna vía son cuatro versos alejandrinos de rima perfecta o como diría tres patines: tetrástofos monorrimos alejandrinos. Qué lindo.
El de Alexandre nada la vida de un tal Alex que a lo bildungsroman viaja, pelea, mata, etc. ¿Alejandro Magno? ¿Alejandro Suasnavas?, todo con tono providencial y con invocación a la virgencita. El segundo es más sabroso a mi juicio porque tiene más aventura y es una especia de novela bizantina, pero con lo mismo: invocación a la virgencita, aunque novela bizantina en extremis.
Ambos apuntan a dos cosas (bueno apuntan a muchas cosas, pero dos sobresalen): dar un modelo de comportamiento a las bestias medievales y entretener con moraleja. De las nubes oscuras llueven puñales afilados.
Sunday, February 1, 2009
Guillén de Castro
Saturday, January 31, 2009
Juan León Mera
Saturday, January 24, 2009
Beowulf
Es un poema que a mí me ha encantado, en el cual hay combates, honra y rezos, etcétera. Algo que me sorprendió fue que a pesar de que es viejísimo, el poema se lee fácil y rápido y se entiende. Se entiende todo. Las peleas, la acción, el viaje de Beowulf, el dragón, la lucha contra Grendel, la lucha contra la mamá de Grendel, todo apunta a la acción que se entiende. Entiendo la acción. A la voz poética de dulzura y rapidez, también hay que sumarle la religiosidad, un curuchupa experto el poeta, lo cual no es óbice para escribir un buen poema.
Entre los libros que ha insipardo el Beowulf hay que nombrar Grendel (1971) de John Gardner que me gustó tanto o más que el propio Beowulf. La novela de Gardner es relatada en primera persona por el propio Grendel, el monstruito de Beowulf. Da ternura. Ambos recomendados.
Michel Houellebecq
De Michel Houellebecq se pueden decir muchas cosas. De Las partículas elementales (1998) se pueden decir otras tantas. Pero la verdad es que los franchutes son campeones en sacar una vaca sagrada de la nada. Sale un libro incendiario como este y los franchutes sacan la cara llena de asombro, sacreblé. No es una novela mala, pero es muy desordenada y no conduce a nada más que a una que otra reflexión sobre lo animales que somos los seres humanos. Fuera de eso, hay que reconocer que Houellebecq no tiene pelos en la lengua y que la diégesis de su novela fluye harto. Pero la fluidez se ve menguada por la repetición de lo mismo y lo mismo: el sexo de una manera, cómo decirlo, cómo decirlo, verga con chucha y semen, ya lo dije. No lo recomiendo porque libros buenos hay demasiados y, en su mayoría, no son los contemporáneos. Siempre alucino por la forma que la gente escoge lo que va a leer. Por ejemplo, escogen Isabel Allende y no se han leído el Quijote. Lean a Houellebecq únicamente si han leído a Diderot, Voltaire, todos los simbolistas, Perec, Camus, etc, etc, etc.