De Michel Houellebecq se pueden decir muchas cosas. De Las partículas elementales (1998) se pueden decir otras tantas. Pero la verdad es que los franchutes son campeones en sacar una vaca sagrada de la nada. Sale un libro incendiario como este y los franchutes sacan la cara llena de asombro, sacreblé. No es una novela mala, pero es muy desordenada y no conduce a nada más que a una que otra reflexión sobre lo animales que somos los seres humanos. Fuera de eso, hay que reconocer que Houellebecq no tiene pelos en la lengua y que la diégesis de su novela fluye harto. Pero la fluidez se ve menguada por la repetición de lo mismo y lo mismo: el sexo de una manera, cómo decirlo, cómo decirlo, verga con chucha y semen, ya lo dije. No lo recomiendo porque libros buenos hay demasiados y, en su mayoría, no son los contemporáneos. Siempre alucino por la forma que la gente escoge lo que va a leer. Por ejemplo, escogen Isabel Allende y no se han leído el Quijote. Lean a Houellebecq únicamente si han leído a Diderot, Voltaire, todos los simbolistas, Perec, Camus, etc, etc, etc.
Saturday, January 24, 2009
Michel Houellebecq
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