El Libro de Alexandre y el Libro de Apolonio, ambos publicados en el siglo XIII (por ahi), son la evidencia perfecta del poeta clérigo (mester de clerecía) y su afán por escribir bonito y pausado, usando algo que suena a herramienta ferretera: cuaderna vía. Joven, deme dos cuaderna vías y un tubo de PVC galvanizado. La cuaderna vía son cuatro versos alejandrinos de rima perfecta o como diría tres patines: tetrástofos monorrimos alejandrinos. Qué lindo.
El de Alexandre nada la vida de un tal Alex que a lo bildungsroman viaja, pelea, mata, etc. ¿Alejandro Magno? ¿Alejandro Suasnavas?, todo con tono providencial y con invocación a la virgencita. El segundo es más sabroso a mi juicio porque tiene más aventura y es una especia de novela bizantina, pero con lo mismo: invocación a la virgencita, aunque novela bizantina en extremis.
Ambos apuntan a dos cosas (bueno apuntan a muchas cosas, pero dos sobresalen): dar un modelo de comportamiento a las bestias medievales y entretener con moraleja. De las nubes oscuras llueven puñales afilados.

