Monday, February 23, 2009

Libro de Alexandre y Libro de Apolonio

El Libro de Alexandre y el Libro de Apolonio, ambos publicados en el siglo XIII (por ahi), son la evidencia perfecta del poeta clérigo (mester de clerecía) y su afán por escribir bonito y pausado, usando algo que suena a herramienta ferretera: cuaderna vía. Joven, deme dos cuaderna vías y un tubo de PVC galvanizado. La cuaderna vía son cuatro versos alejandrinos de rima perfecta o como diría tres patines: tetrástofos monorrimos alejandrinos. Qué lindo.

El de Alexandre nada la vida de un tal Alex que a lo bildungsroman viaja, pelea, mata, etc. ¿Alejandro Magno? ¿Alejandro Suasnavas?, todo con tono providencial y con invocación a la virgencita. El segundo es más sabroso a mi juicio porque tiene más aventura y es una especia de novela bizantina, pero con lo mismo: invocación a la virgencita, aunque novela bizantina en extremis.

Ambos apuntan a dos cosas (bueno apuntan a muchas cosas, pero dos sobresalen): dar un modelo de comportamiento a las bestias medievales y entretener con moraleja. De las nubes oscuras llueven puñales afilados.

Sunday, February 1, 2009

Guillén de Castro

Las Mocedades del Cid (1605-1615) de Guillén de Castro es una obrita de teatro cuyo nombre indica su tesitura. Aquel que haya leído el Poema de Mío Cid, el primer poema conocido en lengua española, y le haya gustado, debe leer la obrita de Guillén de Castro porque ahí se cuentan sus años mozos y cómo llegó a ser un lozano caballero que mata a diestra y siniestra. Full honra. Da qué pensar y comparar con el típico quiteño (o cuencano o ambateño, etc.) imbécil que te quiere pegar porque le quedas viendo feo. Así era el Cid, por defender la honra de la Jimena le sacaba la chugcha a cualquiera, pero con espada, nada de trompones.

Saturday, January 31, 2009

Juan León Mera

Se van a reír. Todo es burla y escarnio. Es inútil. La verdad es que una gringa me preguntó sobre Cumandá de Juan León Mera y yo no la había leído. Qué bochorno. Qué ignorancia olímpica. Esto fue el martes. Fui a la biblioteca y la saqué y la terminé de leer ayer en medio de risas, llanto fingido y vergüenza ajena. ¡Qué cursi es! Es cursiloide. Pero es como toda novela decimonónica, fruto de guerras independentistas, mezclas mestizoides criolloides indioides y la cursilería latina que está a flor de piel: lo de gravar en un árbol el nombre de la amada, lo de morirse de amor por un pelafustán, lo de la india que no es india sino hija del patrón, todo viene de Cumandá. Copia guasa de Atala de Chateaubriand, copia adusta de Paul et Virginie de Bernardin de Saint Pierre. Carlos Orozco y Cumandá Orozco son hermanos y cuasi amantes, pero ni se muchan; no les cuento más para que se la lean, pero en una edición bonita, no la de Sevilla que tiene faltas ortográficas.

Saturday, January 24, 2009

Beowulf

El Beowulf es el primer indicio del inglés. El indicio número uno de la poesía en lengua inglesa. Nadie sabe exactamente ni dónde ni cuándo se compuso, peor quién fue el poeta que lo compuso, pero se estima que en la Edad Media alta, en las tinieblas de la Edad Media alta, bajo la luz del filo de la luna, por el año 1000.
Es un poema que a mí me ha encantado, en el cual hay combates, honra y rezos, etcétera. Algo que me sorprendió fue que a pesar de que es viejísimo, el poema se lee fácil y rápido y se entiende. Se entiende todo. Las peleas, la acción, el viaje de Beowulf, el dragón, la lucha contra Grendel, la lucha contra la mamá de Grendel, todo apunta a la acción que se entiende. Entiendo la acción. A la voz poética de dulzura y rapidez, también hay que sumarle la religiosidad, un curuchupa experto el poeta, lo cual no es óbice para escribir un buen poema.
Entre los libros que ha insipardo el Beowulf hay que nombrar Grendel (1971) de John Gardner que me gustó tanto o más que el propio Beowulf. La novela de Gardner es relatada en primera persona por el propio Grendel, el monstruito de Beowulf. Da ternura. Ambos recomendados.

Michel Houellebecq

De Michel Houellebecq se pueden decir muchas cosas. De Las partículas elementales (1998) se pueden decir otras tantas. Pero la verdad es que los franchutes son campeones en sacar una vaca sagrada de la nada. Sale un libro incendiario como este y los franchutes sacan la cara llena de asombro, sacreblé. No es una novela mala, pero es muy desordenada y no conduce a nada más que a una que otra reflexión sobre lo animales que somos los seres humanos. Fuera de eso, hay que reconocer que Houellebecq no tiene pelos en la lengua y que la diégesis de su novela fluye harto. Pero la fluidez se ve menguada por la repetición de lo mismo y lo mismo: el sexo de una manera, cómo decirlo, cómo decirlo, verga con chucha y semen, ya lo dije. No lo recomiendo porque libros buenos hay demasiados y, en su mayoría, no son los contemporáneos. Siempre alucino por la forma que la gente escoge lo que va a leer. Por ejemplo, escogen Isabel Allende y no se han leído el Quijote. Lean a Houellebecq únicamente si han leído a Diderot, Voltaire, todos los simbolistas, Perec, Camus, etc, etc, etc.

Tuesday, December 30, 2008

Hotel (2001) Mike Figgis


Filmar a lo Dogma. Cuatro o cinco películas dentro de la misma película. El canibalismo aparece de una forma sutil, incluso Light. Será que la carne del humano, homo sapiens sapiens es baja en colesterol. Una película que abre más interrogantes de las que presenta. El metalenguaje filmado dentro de la guasería de personajes que naufragan en el mundo del cine, o el mundo de Disney. Hotel presenta mucho más que un guión desorganizadamente organizado. Un trabajo de imagen que desfigura la realidad presentándola en diferentes tonos. Una película para volar. José Candelario.

Delicatessen (1991) Marc Caro Jean Piere Jeunet


Trabajar con el cepia es como tratar de escribir un poema a lo Góngora. Lo obscuro lo tornas en un tono cobrizo. Los tubos se vuelven una forma de comunicación y el humor se mezcla con el arte de una carnicería. Es precisamente lo que ocurre con Delicatessen es una historia sacada de lo irreal y plasmada con un toque de canibalismo en un mundo que se come entre ellos y en un contraposición de otro mundo subterráneo y vegetariano. El otro mundo que no queremos ver y que nos asusta. Imagínense vivir de granos entre alcantarillas, agua y ruido. Mejor no se imaginen vean Delicattese. José Candelario