Friday, June 26, 2009

Benito Jerónimo Feijoo

Se trata de Teatro crítico universal publicado en diversos tomos desde 1726 en adelante. El autor es Benito Feijoo, un cura cuya erudición es solamente comparable a la erudición de un monje que no para de leer y que, debido a esto, le resplandece el cerebro de tanta sapiencia. Estilo típico de la Ilustración.

El libro es de ensayos y Feijoo escribe aparentemente sobre las cosas más anodinas en un inicio, pero a medida que avanza el texto uno ve como, de modo fácil, se apodera de la verdad con ejemplos, conocimientos, razones y, lo más importante, con teoría que proviene de dos fuentes: la grecolatina y la empírica del siglo XVIII. De la nobleza dice: “es como la luna que resplandece con brillo prestado del sol”. También tiene un ensayo titulado el No sé qué, en el cual explica exactamente qué es el no sé qué. Tiene ensayos sobre la medicina, la agricultura, la voz del pueblo, el abolengo, la guerra. No le falta nada. Leerlo, gozar, reír y pensar, todo fue uno cuando lo leí. Edición Clásicos Castalia de G. Stiffoni, 477p.

*ALTAMENTE* recomendado.

Tuesday, June 23, 2009

Galdós otra vez

Dos novelas de Galdós son el tema de este parrafito. La verdad es que Galdós es bastante cursi, pero en ciertos momentos tiene un verbo lujoso y, lo más importante, fácil de leer. La novela del siglo XIX es novela realista per se, a pesar de que muchas no lo son, y las de Galdós además de todo tienen humor, suspenso y ratos geniales, que hay que leer con visión crítica si se quiere o con visión pueril si no se quiere la visión crítica, hay para todos.

El amigo Manso (1882) va de un catedrático, un intelectual español, que después de muerto narra su vida holgada. En la narración el único que se salva es él y una plebeya porque toda la sociedad española de la Restauración parece ser una bazofia, en especial los políticos y las señoras burguesas venidas a menos; lo cual no debe sorprender a nadie. La razón pierde y la costumbre burguesa gana.

Torquemada en la hoguera (1889) es una novelita deliciosa en la cual Galdós de forma sencilla y diáfana representa un pedazo de la vida del mayor inquisidor dominico del mundo mundial. En ella, Torquemada aparece en un momento de debilidad, pobrecito, se le muere el hijo. Entonces para salvarlo empieza a hacer obras de caridad, para limpiarse de los ígneos autos de fe. Es lo máximo. A la final se le muere el hijo de todas formas y vuelve a ser el mismo usurero que deambula del chulco a la hoguera, con cara de verch.

Thursday, June 18, 2009

Bernardo de Balbuena

Al poema de Balbuena, La grandeza mexicana (1604), no le falta nada. La exageración se cae de las páginas. Es de los primeros poemas urbanos en el cual, por medio de sendos tercetos endecasílabos, se da fe de la grandilocuencia y admiración de la ciudad de México. El DF. Sobre el DF hay mucha literatura, pero Balbuena fue de los primeros. Algo importante es que el poema apela a la diversidad de raza, alcurnia, religión, etc…que se admite en la Nueva España, y exagera de tal forma que dice que México será la nueva Grecia. Ya se pasa ya.

Hernán Cortés

Hernán Cortés escribió cinco cartas bien largas entre 1519 y 1526 (entre sus 34 y 41 años). En ellas relata lo que hizo en la Nueva España, como mató y pacificó, al servicio del Emperador Carlos V (a quién dirige las misivas), como conoció y apresó a Moctezuma y como la Malinche lo salvó de una emboscada sin retorno y como construyó un puente con sus propias manos, y como después de construir ese puente construyó otro puente más grande. Porque matando se pacifica y es la única forma, Igor, el libro es un ladrillo, no lo lea nadie a menos que quiera dormirse y/o matarse para pacificarse. Son cinco cartas larguísimas y tres cortas. El libro se llama Cartas de relación de HC. Cada una se repite más que la otra, y en ellas hay intención. Cortés quiere que se le mande copiosas gentes de armas, pecunia y armas para matarrrrrrrr, conquistarrrrrrrrrrrr, pacificarrrrrrrrrrrr. Sin embargo, a medida que pasan, los años su todo decae y se vuelve un quejumbroso, se queja de que no le hacen caso y de que no se le reconoce nada. Viva Cortés, era un bello longo.

Monday, June 1, 2009

Moratín

El sí de las niñas (1806) es la obra de teatro que Moratín escribió mientras soñaba con una bella párvula mucho menor a él. Es de un viejo que se va a casar con una niña. El clásico topoi literario. La obra es entretenida, humana, feliz y triste, y tuvo en su momento cierta sal española llena de originalidad. Rompió con el neo-clacisismo del teatro del siglo XVIII y, por ende, por “nuevo” lo censuraron. Ahí está el valor real, crear algo “nuevo”, pero esa discusión da para mucho porque la obra de Moratín se basó en una de Miravaux y seguro éste en algún clásico griego o latino. Merece la pena leerla.

Juan Rodríguez Freile

El Carnero (1636) de Juan Rodríguez Freile es el libro epítome de la literatura colonial colombiana. Que yo sepa no hay uno parecido en la ecuatoriana. Contiene una serie de relatos costumbristas que narran lo que ocurría en Nueva Granada en el S. XVII, todo con cierto desparpajo y tono pedagógico. En realidad el libro es un adoquín, salvo ciertas partes que contienen humor y alguna que otra imagen rescatable. Los relatos son como chismes incipientes que a mí, personalmente, no me interesan en lo más mínimo porque el chisme es el demonio. Tal vez a algún colombiano le parezca bonito porque se describe Bogotá y una cierta estirpe criolla tradicionalmente pícara, donde se riegan el engaño, los amoríos y el timo.

Thursday, May 28, 2009

Wheelock

Me he dado a aprender latín no por gusto sino por obligación y no ser tan mudo. Sin embargo ahora que por lo menos puedo pedir una galleta y decir “mataré al próximo que lea una novela de Hidalgo” en latín, me siento mejor. El latín es de lo más chévere, lindo, bonito, felpudo, eufónico, sabroso, bello. Por cierto “mataré al próximo que lea una novela de Hidalgo” se dice: “Dehinc virum necabo ut literas Hidalgui legam” (seguro tengo alguna faltita).

El libro para aprender latín que usan en EEUU es el Wheelock. Todo el mundo lo conoce como el Wheelock en honor al apellido del autor. Da pasando el Wheelock ve. Lo recomiendo a TODOS. Vale como veinte, pero de él se pueden sacar los conocimientos suficientes para leer a Cicerón, Horacio, Marcial (mi favorito), Catulo, etcétera. Dame un Wheelock y dos empanadas. Debería ser obligatorio para todo universitario de humanidades una clasecita de latín.